David Mota Zurdo Profesor del Grado en Historia y Geografía de la Universidad Isabel I
Vie, 06/09/2019 - 14:08

comunicado eta

Comunicado de ETA. Fuente: RTVE

El año 2018 fue un punto de inflexión para nuestra historia reciente al producirse la disolución definitiva de ETA:  una de las principales amenazas para la democracia de este país. Esta disolución se produjo en diferentes entregas que duraron casi siete años desde que la banda terrorista anunciara el cese de su actividad armada en octubre de 2011. Aunque en su comunicado la organización admitió su “responsabilidad directa” en el “sufrimiento desmedido” padecido por la sociedad vasca, expresando su “respeto” por las víctimas, este gesto no borró los años de violencia y destrucción que condicionaron la vida política, social, económica y cultural de todo el país (RTVE, 20-IV-2018).  Los asesinatos cometidos por ETA entre 1968 y 2010, que rondan los 850 muertos –con algunas víctimas aún por confirmar-, han dejado muchas heridas que curar. Obviamente, la dinámica en la que han entrado algunas investigaciones, que apuestan por pasar página sin siquiera haberla leído, olvidando cómo la cotidianidad de la violencia afectó traumáticamente a la sociedad, no contribuyen a tener un conocimiento certero sobre la realidad de nuestro pasado reciente. Además, en plena batalla de las narrativas, resulta fundamental elaborar un relato historiográfico construido desde una memoria que se adecúe a la realidad, que tenga en cuenta a las víctimas, que sea restaurativo y reparador con éstas y que sea fiel a lo sucedido en el País Vasco durante los más de cincuenta años de actividad de la banda armada. En esta labor, los medios de comunicación, la televisión y el cine juegan un papel fundamental. De hecho, así ha quedado evidenciado por el séptimo arte, con numerosos largometrajes y cortometrajes documentales y de ficción que han tenido a ETA como protagonista de la gran pantalla desde 1977. Indudablemente, estas producciones han influido en nuestra percepción sobre la violencia terrorista y, por consiguiente, forma parte de la citada batalla por el relato memorístico. Y es que, tras el fin del terrorismo de ETA, se ha iniciado una suerte de operación de blanqueo de los más de 50 años de actividad armada. Ha comenzado una batalla por el relato en diferentes ámbitos, pero, sobre todo, en el político, el académico, el de los medios de comunicación y en el cinematográfico. Guste o no, ETA continúa formando parte de la actualidad informativa, siendo el estudio de su historia y memoria algunas de las principales temáticas abordadas.

ETA y la TV

De igual modo, la televisión también ha contribuido a esta lógica de diversidad de miradas en un contexto de múltiples narrativas. Si bien, con una serie de singularidades que responden al propio medio televisivo y a su proceso de implantación en España y el País Vasco, iniciado con un mercado monopolizado por Televisión Española (TVE) en 1956, roto durante la democracia con la proliferación de canales autonómicos como Euskal Telebista (ETB), TV3. Canal Sur, Televisión de Galicia (TVG) o TeleMadrid. En cualquier caso, todas ellas eran entidades públicas que mantuvieron una relación muy estrecha con los diferentes gobiernos, ya fuera central o autonómico, y que, por ende, provocó la eclosión de denuncias sobre el uso partidista del medio. La situación se complejizó poco tiempo después con la aparición de canales privados como Tele5, Antena3 y Canal+, que se convirtieron en competencia directa de los canales públicos. Y el contexto se agravó bien entrado el siglo XXI, cuando aparecieron Cuatro y La Sexta, sumado a las recientes plataformas de suscripción televisivas, algunas de ellas on-line, como Netflix o Movistar+, que han venido produciendo sus propios programas y series de ficción, y que han introducido, en parte, una nueva forma de abordar la cinematografía poniendo en cuestión el método tradicional de contar historias basado en el largometraje. Esto ha planteado un nuevo desafío a guionistas, actores y directores de cine que cada vez más se ven abocados a formar parte de estas plataformas de cara a su visibilización.

El terrorismo vasco en Los Hombres de Paco

hombres de paco

Los hombres de Paco (logo). Fuente: CNPJEFBI

Pero, también, esta nueva tendencia ha influido en nuestra forma de abordar el análisis histórico a través del cine, ampliándose a otros soportes. Este artículo es una buena muestra de ello. A la espera de series como La línea invisible y Patria, ambas sobre ETA, en este trabajo se realiza un acercamiento a cómo ha sido reflejada la organización terrorista en una serie conocida por todos: Los hombres de Paco, una producción de Daniel Ecija y Álex Pina para Antena 3, que se basa en la historia personal y profesional de Paco Miranda (Paco Tous), un inspector de la Policía Nacional que trabaja en la comisaría del conflictivo barrio –ficticio– de San Antonio, junto a Lucas (Hugo Silva) y Mariano (Pepón Nieto). Esta comedia dramática, en la que estos tres agentes de policía se ven involucrados en diferentes problemas que resuelven de manera poco ortodoxa y, a veces, con divertidas consecuencias, está repleta de guiños de humor y actualidad política, así como de tragedia e historias de amor. Emitida entre 2005 y 2010, esta serie contó con una buena acogida, alcanzando una audiencia media de más de tres millones de espectadores y con un público fundamentalmente joven.

Con respecto a ETA, hay varios capítulos de la serie en los que se hace referencia a las negociaciones entre el Gobierno Rodríguez Zapatero y la banda terrorista para lograr el fin de la violencia. Esta cuestión apareció en el capítulo “Sin tregua”, emitido justo dos meses después de que ETA anunciara un alto el fuego permanente que permitió el establecimiento del diálogo entre el Gobierno y la organización. Un episodio que se centra en la historia de Txomin Berrugorrena, un policía infiltrado en ETA que por un cumulo de casualidades es detenido e interrogado por Paco. Durante el interrogatorio se producen guiños construidos sobre estereotipos de lo vasco y que se observan en la estética del presunto etarra o en el intento de comunicarse con el detenido mediante la construcción de frases acabadas en la letra “k”, como si así estuvieran hablando euskera.

No obstante, se producen diversas alusiones irónicas a la tregua de ETA y a la negociación. Mariano dice no entender “ni de política, ni de vascuence, porque yo de un diccionario de vasco lo único que sé decir es kokotxa”. Más adelante, Lucas señala que quizás el comisario “está negociando con un etarra a espaldas del gobierno”, una crítica velada a la visibilidad mediática que Rodríguez Zapatero estaba comenzando al diálogo con ETA, frente a procesos anteriores, hechos en secreto.

El episodio cuenta con todos los ingredientes posibles relacionados con el terrorismo de ETA. Porque la estrategia que se plantean los agentes durante el transcurso del capítulo es secuestrar al presunto etarra, llevarle a un zulo escondido en las montañas y, encapuchados, obligarle a que confiese: todo ello en clara alusión tanto a los métodos de ETA como de los GAL. Pero en el transcurso de esta operación, Berrugorrena se escapa junto al comisario, su enlace en el Ministerio del Interior. Tras esta fallida misión, los policías descubren que éste es un agente infiltrado y empiezan a temer por las consecuencias de su acción. A su juicio se habían “cargado el proceso de paz” y “encendido la mecha de la violencia”, y, por su culpa, volvería a haber barricadas, cócteles molotov, contenedores quemados “y la Ertzaintza otra vez con capucha”. Hipotéticos escenarios que Mariano amplía: “el barrio se va a tirar a la calle, con las manitas pintadas de blanco y el espíritu de Ermua”, en alusión a la reacción popular contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Convencidos de que sus errores pueden acabar con la tregua de ETA, se hacen pasar por terroristas del Grupo Independentista Andalucista y así convencer a los medios y la policía de que ha sido otro grupo terrorista. De este modo, en un tono claro de parodia, realizan un comunicado imitando la mecánica utilizada por ETA. En temporadas posteriores, aparecen nuevas referencias cómicas a la negociación con ETA llevada a cabo a través del líder del PSE Jesús Eguiguren. Así, los policías creen que el comisario encargado de contactar con ETA está perdiendo facultades y temen que se vaya a Suiza y que ofrezca a ETA a cambio del cese de la violencia no solo “las Vascongadas” sino “medio Alto Aragón”.

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Fuente: Youtube

Por último, en el “En el mismo saco” se puede ver otra referencia explícita a ETA: el episodio se centra en la localización de un zulo de la organización en las inmediaciones de la sierra de Guadarrama, con el que ETA pretendía reactivar el comando Madrid. La historia está basada en un hecho real: la posible reactivación de un comando de ETA en Madrid en esta época y el hallazgo casual en el municipio madrileño de Cercedillade un zulo de ETA con armas y explosivos. El desarrollo de la ficción es, en cambio, más excitante. La policía acude, de incógnito, al lugar del emplazamiento para encontrar el zulo y desactivarlo, pero, por circunstancias imprevistas, dos de los policías tienen que dormir a la intemperie, utilizando parte del material encontrado (pasamontañas, ikurriñas, etc.) para sobrevivir al frío. Aquí acaban encontrándose con dos de los terroristas que, por su aspecto, les consideran parte de la banda. Se produce entonces una escena cómica al estilo de Ocho apellidos vascos: los policías se hacen pasar por terroristas de ETA, hablando con un forzado acento vasco, mientras los etarras se expresan en euskera.

A la vez, Sara (Michelle Jenner), agente en prácticas en la misma misión, se encuentra con el resto de los miembros de ETA, que descubren que es policía y deciden acabar con ella. La conclusión inmediata que obtiene el espectador es que dentro de ETA hay gente muy ingenua, tal y como se comprueba con la historia de los otros dos policías, pero que ello no les exime de ser asesinos. Así, en Los hombres de Paco, también cuando se utiliza humor, queda clara la crítica al terrorismo de ETA.

 

Para saber más:

De Pablo, Santiago; Mota Zurdo, David; López de Maturana, Virginia (2019): Testigo de cargo. La historia de ETA y sus víctimas en televisión, Bilbao: Beta III Milenio.

De Pablo, Santiago (2018): Creadores de sombras. ETA y el nacionalismo vasco a través del cine, Madrid: Tecnos.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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