Hablamos con Yolanda Ballesteros, nueva responsable de la Oficina de Apoyo a la Investigación y a la Transferencia (OTRI) de la Universidad Isabel I. Yolanda es segoviana, de la localidad de Cuéllar, bióloga de formación y apasionada del deporte y la música. La investigación es su otra gran pasión, una llama que quiere transmitir tanto a los docentes como a los alumnos de la Universidad Isabel I.

La vida del investigador es muy sacrificada, pero también, a la vez, muy gratificante

Pregunta: Cuéntanos algo sobre tus orígenes… Por ejemplo, ¿de dónde eres?

Respuesta: Soy de un pueblo de Segovia llamado Cuéllar. Tiene unos diez mil habitantes y es conocido por tener los encierros más antiguos de España. O eso dicen (sonríe). Es una villa medieval, con un castillo y con arquitectura románica y mudéjar, algo que hace que sea un destino atractivo para el turismo rural. Este año, por ejemplo, vamos a tener allí la exposición de «Las Edades del Hombre».

¿Fue allí donde te criaste?

Sí, aunque hasta los ocho años viví en una pequeña pedanía cercana, de apenas 50 habitantes, llamada Fuentes de Cuéllar. Es uno de estos lugares tan comunes en Castilla y León, donde cada vez vive menos gente porque los ancianos se van muriendo y los jóvenes no quieren vivir allí. Sin embargo, los recuerdos más cariñosos de mi infancia son de este pequeño pueblo. Recuerdo que estaba siempre rodeada de primos. Por parte de mi padre son siete hermanos, casi todos ellos casados y con hijos, así que somos muchos primos. Te puedes imaginar. Éramos como una pequeña manada. Nueve o diez niños jugando en el corral de la abuela en estado semisalvaje (risas).

A los ocho años te mudas a Cuéllar. ¿Hasta qué edad estuviste allí?

Hasta los 17 años, que fue cuando me fui a Salamanca a estudiar. Después he vuelto alguna vez, pero solo por temporadas cortas, que coincidían con periodos en los que no encontraba trabajo y tenía que volver a casa de mis padres hasta que encontraba un nuevo empleo en algún lugar.

¿Te gustaba vivir allí? ¿Te planteas volver en algún momento en el futuro?

La verdad es que tengo una especie de relación de amor-odio con Cuéllar. Me pasa que, cuando estoy viviendo fuera, lo echo muchísimo de menos. Ten en cuenta que tengo allí no solo a mi familia, también a mi pareja. Sin embargo, cuando llevo varios días seguidos viviendo en el pueblo, empiezo a sentir ganas de estar en un sitio más grande y salir de casa de mis padres (risas). No tengo claro si me gustaría o no vivir allí en el futuro. Además, por otra parte, no creo que existan muchas posibilidades de trabajo para mí.

Ahora estás trabajando aquí en la Universidad Isabel I, en el área de Investigación. ¿Siempre te has dedicado profesionalmente a temas relacionados con la investigación universitaria?

Hasta hace poco mi campo profesional era la investigación en zoología, concretamente en insectos, porque yo, en realidad, soy bióloga, estudié la carrera de Biología, y la tesis doctoral, por ejemplo, la hice sobre insectos. Antes de empezar el doctorado pasé seis años dedicándome totalmente a los insectos, yendo a congresos, haciendo estancias de investigación, publicando artículos…; en fin, que mi vida profesional giraba en torno a los insectos…

¿Por qué los insectos? ¿Te gustan?

Sí, pero en realidad fue la manera en la que mi director de tesis me planteó que me especializase en ese tema, lo que me convenció. Como sabes, una de las labores de un director de tesis es iniciarte en tu propia especialización. Yo tenía claro que quería hacer algo relacionado con la zoología y, cuando mi director me planteó el tema de los insectos, lo vi claro. Me gustó mucho su enfoque y el hecho de que fuese una persona muy dinámica.

¿Qué haces una vez que terminas el doctorado?

Pues la verdad es que, cuando terminé, no encontraba trabajo como bióloga en el campo de la investigación. Entonces surgió la posibilidad de hacer un curso de gestor de proyectos. Era un curso corto, de apenas dos o tres meses, pero la verdad es que me ayudó mucho y creo que hacerlo fue decisivo para poder empezar a trabajar después de terminar la tesis.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Tengo varias aficiones. Me gusta hacer senderismo, montañismo y, aunque llevo tiempo sin poder practicar, también soy aficionada a la escalada. El problema es que tengo poco tiempo y, sobre todo, que ahora mismo no tengo con quién hacerlo.

Porque hay que ir acompañado, claro…

Sí. Como mínimo deben ir dos personas, que antes de iniciar la escalada deben quedar unidas por una cuerda que hace función de «polea». Una de ellas se debe quedar en el suelo, haciendo de contrapeso y sosteniendo, en caso de caída, al que escala por la pared.

¿Qué más cosas te gusta hacer?

También me gusta salir a correr, que es algo que llevo haciendo desde los 15 años. Pero si me tuviera que quedar con una afición, me quedo con la batería. Tocar la batería es lo que más me gusta. La pena es que también llevo tiempo sin poder hacerlo. Ahora mismo, ni siquiera tengo aquí la batería, la tengo en Cuéllar. Aunque pienso traérmela pronto.

Claro, es que llevas aún muy poco tiempo aquí en Burgos…

Así es, creo que no llega a tres semanas.

¿Y qué impresión te ha dado la ciudad en este tiempo que llevas?

Pues me parece una ciudad preciosa, con un casco antiguo muy bonito, la catedral, que la veo casi a diario… La verdad es que me queda mucho por ver. Por ejemplo, todavía no he podido ver el monasterio de Las Huelgas, que me han dicho que está muy bien.

¿Y de la Universidad Isabel I qué destacarías?

En primer lugar, creo que desarrollar un modelo de enseñanza exclusivamente online es muy novedoso y tiene muchísimo mérito. Después, también me ha llamado mucho la atención la juventud de la plantilla, sobre todo en comparación con la universidad tradicional. Y, en general, todo el personal es bastante amable y tengo que decir que a mí me están ayudando mucho en mi adaptación.

¿Cuáles son tus objetivos con el área de investigación de la Universidad Isabel I?

Ahora mismo estamos diseñando unas directrices generales que tiene que seguir la Universidad en materia de investigación y desarrollo. El objetivo principal es hacer más proyectos y, sobre todo, el reto a medio-largo plazo es conseguirlos en convocatorias que sean competitivas, que lógicamente son más difíciles, al ser mucho más exigentes con el currículum y el bagaje de los investigadores. Pero esa debe ser la meta final, el poder competir con éxito en ese tipo de convocatorias.

Por otra parte, también es importante conseguir que los docentes puedan tener más tiempo para investigar y, por último, también hay que hacer un esfuerzo en la labor de divulgación. Personalmente quiero trabajar muy de cerca con los grupos de investigación que vayan surgiendo, para así poder motivarles y asesorarles en todo aquello que necesiten.

Por último, ¿qué tienes que decirles a los alumnos sobre las posibilidades del mundo de la investigación?

Quisiera darles un par de consejos. En primer lugar, deben saber que cualquier tipo de investigación que emprendan es importante, hasta la más básica. Alguien que quiera investigar tiene también que ser consciente de que es una vida muy sacrificada, pero también, a la vez, muy gratificante. Yo les animaría a empezar a hacerlo, haciendo pequeños trabajos, colaborando con los grupos de aquí de la Universidad, ya sea a través de los Trabajos de Fin de Grado (TFG) o algún otro pequeño proyecto, que no necesariamente signifique embarcarse en una tesis o en alguna cosa de gran envergadura. Por otra parte, también les diría que es importante salir, a veces, del mundo estudiantil, porque, por ejemplo, cosas como pasar una temporada en el extranjero o trabajar en verano, entre curso y curso, te aportan una visión muy amplia y muy útil, que favorece mucho a la hora de retomar la vida académica.

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