Emociones

¿Qué influencia tienen las emociones en los procesos de enseñanza-aprendizaje? ¿Es la gestión emocional un elemento clave en los entornos colaborativos? ¿Qué puede aportar la educación emocional en la formación e-learning?

Estas son algunas de las preguntas que cualquier persona implicada en un proceso formativo puede realizarse, tanto alumnos como docentes reflexionan acerca de la importancia de la inteligencia emocional en el mundo de la educación.

Multitud de investigaciones se han centrado en estudiar por qué los individuos actuamos como actuamos, cómo reaccionamos ante determinados estímulos y qué mecanismos regulan nuestra conducta. Se ha comprobado que las emociones influyen en los procesos que regulan la conducta e incluso la determinan.

Si nos paramos a pensar en cualquier acción que realizamos en nuestra vida diaria, caeremos en la cuenta de que la experiencia emocional vivida influirá en el recuerdo que tengamos de esa experiencia. Aplicado esto al ámbito de la educación, podemos decir que la duración y la calidad de los aprendizajes estarán en parte influenciadas por la experiencia emocional que se ha tenido durante este proceso. Por ejemplo, las emociones positivas experimentadas durante el proceso formativo influirán en el grado de significatividad del aprendizaje, así como en su duración, mientras que las emociones negativas experimentadas en el proceso de aprendizaje derivarán en que aparezcan sentimientos de malestar percibiendo los contenidos como aburridos o incluso inútiles, lo que repercutirá negativamente en la trayectoria académica de la persona implicada.

Por tanto, podemos decir que las emociones, como en la mayoría de situaciones, influyen en cualquier proceso de enseñanza, dado que somos seres sociales que necesitamos relacionarnos con los demás y sentir que formamos parte de un grupo.

En el área del aprendizaje online la gestión emocional juega un papel clave dada la importancia de reforzar y humanizar este proceso. Los entornos virtuales de aprendizaje nos permiten acceder a multitud de información y adquirir gran diversidad de destrezas y habilidades, pero no podemos olvidar que detrás de esto encontramos personas y que conocer cómo gestionar las emociones en las relaciones académicas entre individuos reportará grandes beneficios a la hora de adquirir un aprendizaje realmente significativo. Conseguimos así convertir un intercambio constante de información entre desconocidos en un entorno de aprendizaje colaborativo y humanizado en el cual los conocimientos se construyen conjuntamente contribuyendo a lograr la socialización de las personas.

Dejamos atrás el «¿qué aprender?» para centrarnos en el «¿cómo y por qué hacerlo?» haciendo al individuo protagonista y sujeto activo de su propio aprendizaje y permitiéndole desarrollar capacidades básicas aplicables a cualquier ámbito.

«La inteligencia emocional no es lo contrario de la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza. Es la única intersección de ambas», David Carusso.

En definitiva, esta frase define a la perfección el fin que debe perseguir cualquier proceso formativo: conseguir un equilibrio entre lo emocional y lo académico.

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