Muchas personas, al llegar un momento en su vida, sienten un 'gusanillo' que les inquieta. Ese 'gusanillo' les emite algunas señales indicándoles un interés especial en transmitir, compartir y enseñar. Parece extraño, pero sin importar el grado que estudiemos, en algunos puede aparecer tarde o temprano, y le conocemos con el nombre de 'vocación docente'. Si vamos un poco más allá, esa vocación nos va a permitir experimentar una satisfacción única al momento en que entramos en contacto con las personas que vamos a acompañar en una experiencia formadora, teniendo como principal herramienta nuestra sensibilidad hacia los demás y nuestra inclinación hacia el servicio.

Así, todos los que formamos parte de este mundo docente, sentimos ese interés, esa inquietud que nos hace pensar una y mil veces cómo lograr transmitir lo que queremos compartir. En ese momento, la conexión entre un docente y su alumnado se convierte en un espacio privilegiado de intercambio de saberes, experiencias de vida y, lógicamente, un contexto temático que en ciertas ocasiones es la excusa perfecta para un encuentro formativo. De una u otra manera, a lo largo de nuestros estudios hemos contado con un número importante de docentes que, desde sus particularidades, han intentado sentar las bases de lo que somos hoy en día. En definitiva, siempre existirá alguno que nos transmita algún conocimiento, y está en nosotros hacer uso de ello de la mejor manera. El reto surge cuando somos nosotros los que nos planteamos ser docentes.

Suele ser común la opinión respecto a que el docente es aquel personaje perverso y macabro, dueño de la máxima calificación, y que los alumnos o estudiantes deben emprender toda una batalla épica para recuperar la máxima calificación. Esto desde luego no es así. El profesor, para serlo, también pasó por aulas, se formó, tuvo momentos de cansancio y euforia, en fin… Hemos sentido casi las mismas sensaciones que nuestros alumnos o estudiantes y, justamente por haber pasado por lo mismo, es que podemos sugerir ideas o recomendaciones para los que empiezan la vida.

Es indiscutible que, aunque tengamos una gran experiencia investigadora o laboral, si no contamos con una verdadera vocación, no podremos revertir todo esto en beneficio de nuestros estudiantes. Esto implica tanto preparación didáctica como técnica, no obstante, cualquier competencia profesional, si no tiene una sólida base vocacional, difícilmente podrá ser transmitida. Es obvio que la actualización, al igual que el resto de los profesionales, más que una obligación, es un deber ético precisamente para brindar a nuestros destinatarios lo mejor que tengamos en nuestras manos.

Todo aquel que lea estas líneas, debería darse la oportunidad de mirar un poco su pasado y pensar en aquellos maestros y maestras que les han dejado huella. Alumnos y, por supuesto, docentes, seguramente recordaremos a aquellos que han formado parte de nuestras vidas en un momento determinado. En esta oportunidad me permito compartir con los amigos lectores parte de esta experiencia: desde muy joven empecé en el mundo docente siendo maestro y formándome simultáneamente. Con el pasar de los años (ya unos cuantos…), mi vocación docente se ha ido 'perfilando', logrando así afirmar sin lugar a dudas, que el compromiso es mayor cuando uno pasa de ser formador de estudiantes, a formador de formadores, o lo que es lo mismo: el docente que enseña a otros a ser docentes. Cualquier palabra que utilice no sería suficiente para expresar la sensación de compromiso que se siente, ya que puedes influir tanto positiva como negativamente en una persona que, posiblemente, te tenga como referencia para su futuro ejercicio docente. Indudablemente han sido muchos los docentes que han estado presentes a lo largo de todos estos años, y cuando observo a mis estudiantes que precisamente se están formando tal y como lo hice yo en su momento, no dudo en reconocerme en ellos, ya que tal y como se señaló en líneas anteriores, hemos pasado por lo mismo, solo que contamos con nuevas herramientas y oportunidades para acercarnos y formar desde lo humano, pero también desde lo ético y lo ciudadano.

Es habitual que estemos saturados de trabajo entre correcciones o deberes por hacer, sin embargo, si sientes satisfacción cada vez que un estudiante te agradece tu labor, significa que has logrado parte de tu misión, la otra parte consiste en seguir formándote y seguir preparándote, y recuerda: el docente con verdadera vocación, hará siempre lo ordinario de forma extraordinaria.

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