Andrés Seoane Fuente Departamento de Comunicación
Vie, 01/12/2017 - 18:21

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Constanza Orbaiz relata su experiencia vital bajo el título 'Discapacidad, poder distinto', en las charlas TedxRío de La Plata, en Argentina, el pasado mes de octubre. | Captura del vídeo de YouTube 'Discapacidad, poder distinto | Constanza Orbaiz | TEDxRiodelaPlata'

“No somos pobrecitos, ni tampoco somos angelitos, no somos especiales. Especiales son las pizzas. No tenemos capacidades diferentes. Capacidades diferentes tienen un balde y un vaso. Somos personas con discapacidad. Personas”. Estas son las palabras con las que terminó su discurso Constanza Orbaiz, levantando de sus asientos entre un océano de aplausos a las 10.000 personas que abarrotaban el auditorio donde relató su emotiva y preciosa experiencia vital, titulada ‘Discapacidad, poder distinto’.

Esta argentina de 34 años tuvo un paro cardiorrespiratorio cuando nació. Y otro doce horas después. Desde entonces, ella y su parálisis cerebral han derribado todas las barreras que la vida les fue poniendo delante. “Nadie sabía qué iba a poder hacer, pero lo que era seguro era que, de poder, iba a poder distinto”, explica con una naturalidad de la que nacían cientos de lágrimas en los ojos de su audiencia.

Durante sus años en la escuela encontró el apoyo de muchos profesores. Pero también la contrariedad de otros que “preferían que esté en el fondo del aula porque no sabían que hacer conmigo”. No obstante, ella se muestra muy comprensiva: “No estaban preparados. Nadie está preparado. La discapacidad no te manda un whatsapp y te dice: ‘Prepárate, llego en cinco’”.

Por todo lo que ha vivido, Constanza se ha formado y trabaja como psicopedagoga, porque entiende que sólo se puede estar preparado ante la discapacidad “valorando la diversidad como parte de lo cotidiano”, es decir, “valorando a cada persona por lo que puede dar”.

Con un excepcional y extraordinario sentido del humor, Constanza cuenta cómo Salvador, un niño de cuatro años que va a clase al colegio en el que trabaja, dice que ella habla así “porque me duele la panza”. Y con una naturalidad tan abrumadora como esa capacidad para hacer reír, recuerda que los pequeños que tienen discapacidad, cuando terminan el colegio, no hacen actividades extraescolares, sino que “tienen terapias. Largas horas, diferentes caras, diferentes formas de mirar. Y eso, cuando yo era chica, se plasmaba en mis juegos. Sí, mis muñecas tenían terapias”. De nuevo, la emocionada audiencia, no puede evitar la risa.

Y en este tratado sobre qué es la discapacidad y de qué modo la sociedad debe aprender a convivir con ella –igual que Constanza con su parálisis cerebral-, nuestra protagonista deja una profunda reflexión: “Curarme fue aprender a convivir con lo que me pasa. Y para aprender a convivir hace falta generar contextos más flexibles que no sólo pasan por construir una rampa, y no taparla, sino por crear entornos donde la persona con discapacidad pueda ser y hacer a su modo, sin tener que parecerse a nadie para recibir el premio de ser incluida. Lo que hace falta hacer es simple: hacer más fácil lo que ya es difícil”.

Interiorizar y aplicar a nuestras vidas este testimonio tan enriquecedor, quizá sea el mejor modo de celebrar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

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